jueves, 12 de junio de 2008

Yo, tú, el, nosotros, vosotros, ellos y Díaz

Díaz es bastante pelotudo. Buen tipo, pero terriblemente pelotudo. Los amigos lo usan, la mujer lo engaña con el hermano, sus hijos no le dan ni cinco, los vecinos se le ríen en la cara, en el trabajo es el forro y para sus padres siempre fue el fracasado, el mediocre, el pelotudo. A pesar de todo, se sigue levantando a la mañana, seis treinta puntual. Su mujer hace ocho años que no le prepara el desayuno. Toma el bondi a dos cuadras de su casa, el 98, en Mitre y San Vicente hasta Av. de Mayo y Av. Callao. Sale un peso cuarenta. Él saca uno veinte. A veces, no es tan pelotudo. Si puede se sienta y si sube una embarazada brinda su asiento de buena gana. Ni bien baja pide, en un puesto al paso, dos churros rellenos y un cortado. Prende un pucho, camina cuadra y media en dirección norte y saluda al portero del edificio. Prefiere las escaleras. Nueve pisos por ascensor le pueden dar un paro, o un derrame o, como mínimo, vomitar los churros con dulce. Ya le pasó.

Che, Díaz, preparáte unos matienzos, dale que te salen de re chupete a vos…Yo?, yo estoy hasta acá de laburo, vos vivís al pedo, dale dale, q ya son y cuarto…Este Díaz, es vago eh, hay que tenerlo así para que haga algo…Ay dios, Argentina. Todos quieren laburo de oficina, de nueve a seis, tranqui, después a casita y listo, contentos, ahora que no te manden a agarrar un fratacho eh, ojo, ahí sí que no. Laburar sí, pero poco. Que manga de vagos. Argentina.

Díaz tiene cuarenta y dos años. Hablando mal y pronto, un pendejo. O mejor, un pendeviejo. Zapatos canela, pantalón de vestir, pero no de fiesta, un intermedio digamos. Camisas multimarca y si hace frío blazer o chaleco de bremer. Todos creen que jamás se cambia la ropa, pero en realidad tiene toda su ropa igual. Es como los Simpson, tiene un ropero con toda ropa igual. Su color preferido es el azul. Su número de la suerte, aunque en realidad tiene muy poca, es el 6. Los duraznos le crispan los nervios; el pelo del durazno, para se más preciso, hacen que le baje la presión.

Díaz, andá a ver a Mónica y traéme el memo a la oficina.
Gracias Díaz, sos un tigre. ¿Me podés ir a comprar un “Felipe” de diez? ¿Qué haríamos sin vos? Díaz, Díaz.

Díaz, aunque no todos los días, deja la oficina a las 18.30 hs. Enciende su segundo cigarro del día, y camina por Avenida de Mayo. Siempre llamaron su atención las ventanas que hay a lo largo de esa avenida. Cabe aclarar que es un amante, aunque no posee un gran bagaje intelectual, de la arquitectura. Si de antemano sabe que Rosario no estará en casa, Díaz demora una hora su regreso y se queda sentando en la Plaza de Mayo observando los edificios que la rodean. Sin embargo no es todo lo que mira u observa. No se pierde un culo, es un fanático de las colas. Gordas, flacas, levantadas, caídas, anchas, chiquitas, como peras, como manzanas, como nada, come trapo, de viejas, de pendejas, de algún pendejo, aunque asegura que es por error, aunque admite que las nenas de ahora viene más desarrolladas y que una de doce parece de veinte y que le da. Le da a la nenita y, si quiere, a la madre también.

Adiós…mamita, mamita, lo que te haría, si supieses, ja, si supieses lo que te haría. Hola mami, ¿querés que te haga la perejita?, je je, y se la hago, se la hago, y la colita también, si, sabes que lindo, así, así, así…dale dale…ahah. Me hago cargo de la familia, de los pibes, la suegra, la casa, todo, largo todo y a la mierda. A ver, a ver, a vos también mi chiquita, vení, vení, acá, acá, ay si, si, si. Que caliente estoy. ¿Y si me voy a un piringundin? Má si, me voy, que mierda. La plata la llevo yo, pero ¿cuándo la disfruto? Todos piden, todos piden, Díaz que para los nenes, Díaz que las cuentas, Díaz la peluquería, y una ropita, no pienses que voy a salir así a la calle, mis amigas tienen todo lo que quieren, los maridos se rompen el lomo trabajando para tenerlas como reinas, y vos a mí que me das, nada. Papá, para el recreo. Papá, mis amigas tienen todas celular, yo también quiero uno, y un tatuaje, y un piercing, y ay papá, no seas ratón querés, para que trabajas ahí si te pagan poco, renunciá, o no podés porque estas viejo y nunca estudiaste en la facultad y sos un inútil y no te quieren en ningún lado. Pero viejo, yo me pregunto, y a mí cuándo me tocará. Bueno, señores, hoy me toca. Corrientes 173…1736, 38, 40…puta, cuál era. Eh hola, si, qué tal, eh, este, eh, ¿conoce usted donde es “El pisito de Susy y sus amigas”? Ah, 1746, 10 F, ah ok, gracias, gracias, si, si, yo presento esta tarjetita, gracias.

“El pisito” es uno de los tantos departamentos, privados, puteríos, piringundines, como le gusta llamarlos a Díaz, que hay en el microcentro. La mayoría de ellos se nuclean en los alrededores de Avenida Corrientes y Callao. Díaz sube los diez pisos por escaleras, toca el F y mira por la mirilla a ver quién viene. Díaz besuquea a la gorda telefonista de voz súper sensual por teléfono, capaz de inaugurar una verdadera danza de ratones mentales. Pero la imaginación cede paso a la realidad y Díaz repasa con la vista, nuevamente, el vestíbulo del departamento. Lo ha visto cientos de veces, pero como un ciego. Es solo una estrategia mental que utiliza para descomprimir un poco la presión y los nervios, pero a su vez es tan fuerte que el movimiento del cuello y sus pensamientos son casi mecánicos, que no logran equilibrar las tensiones. Si le dan la opción, elije a una de las chicas y pasan al cuarto.

Tenemos quince minutos bebé, así que ponéte cómodo, que te la voy a chupar un poquito. ¿Tenés forrito? Bueno cuesta tres pesos, divino. Acostáte. Al fin, a ver esa boquita, ah, pero que lindo esto. Esto es vida. Si. Si, putita. ¿Te gusta? ¿Me querés cojer ahora, papi? Si, si. Me pongo así, te gusta así, no es cierto. Me encanta, me encanta. Dale que acabo, dale que acabo. Gracias. Gracias. Bueno, nos vemos, me querés dejar tu número, y cualquier cosa arreglo directamente con vos. Bueno, entonces paso y pido por vos. Gracias. Gracias. Ahora si, ah que lindo, ahora tranqui, casita, cervecita. Si se enteráse la flaca, madre santa, bueno, como si ella no me hubiese cagado nunca, se piensa que soy boludo, que no me doy cuenta, pero yo sé, yo sé todo, así que, que se vaya a la mierda esa otra también.

Con Rosario se conocieron en lo de un amigo en común. El tenía 23, ella 21. A ella le gustaba su forma de ser. Un tierno, que siempre cedía a sus caprichos, eso le gustaba: mandar, y que le obedezcan. Ella estudiaba medicina, él soñaba con ser cantante de ópera, pero nunca fue un agraciado para la música. La pareja tenía sus altibajos, pero decidieron casarse un viernes, por civil, y el sábado por iglesia. Se mudaron, después de dos meses, a un departamento de dos ambientes en Villa Dominico. El matrimonio es algo complicado de llevar adelante, y mucho más en estos tiempos que corren. Gordito, Osito, Papuchi, Amorcito, con el tiempo fueron mutando hasta convertirse en “el pelotudo”. Díaz no sabe que Rosario tiene un romance bastante fogoso con su hermano, a quién admira y ama con profundo amor. Jamás ha dudado de él, aunque sí de Rosario que, últimamente, no hace mucho para ocultar el engaño. Hace una parafernalia sin sentido, que más bien está dirigida a blanquear que a ocultar. Díaz le importa poco, realmente poco, casi hasta el odio, no lo puede ver. Con Gonzalo se ríen bajo las sábanas y dedican sus polvos al pelotudo.

Díaz:
en el freezer hay salchichas. Estoy de Carli, el hijo esta enfermito y el marido de viaje por trabajo. No la puedo dejar sola, así que me quedo a dormir allá. Dale algo a Gitano, hay huesos en una bolsa. Dejále plata a los chicos para el cole.

Un día de estos…un día de estos va a ver…se repetía Díaz dos o tres veces por día. Palabras vacías de contenido. Las palabras si no son acompañadas por la acción no valen nada. Simple gramática. Y con eso, qué hacemos Díaz. Así te va. Así estamos.

…se casó Wanda Nara con Maxi López… (que buenas tetas, que buen ojete) …sigue el paro agrario…(hasta cuándo con esto, viejo) … Independiente se suma a la lucha por el campeonato… (vamos rojo carajo)… matan a empresario en la puerta de su casa de Pilar… (cuanta inseguridad, así no se puede vivir más) …el kilo de papa a cinco pesos... (hay mi Dios, Argentina) …llame ya… (ahora llamo, si, si, esa cortadora de pasto tiene que ser mía)… el consumo creció un tres por ciento en el primer semestre… (¿de dónde sacan la guita?)

Hola, mandáme una grande de muzza. Ah, mi mujer te debe, ok, cuánto… ¿CUÁNTO? (pero, qué carajo hace con la plata, me gustaría saber) si, si, te pago ahora todo. Ah mandáme una latita de cerveza. Fría, sino la mando de vuelta. Pasaje Frías 179, D de dedo. A ver aguantáme un minuto. Malena, Facundo, ustedes, ¿comieron algo?, o pido pizza para ustedes también. ¿Qué? No querida hoy no salís, no me interesa. Ahora vamos a hablar. No, solo eso, dale, pago con cien.

Malena tiene dieciséis. Facundo trece. A Malena le gusta el Soul. A Facundo la cumbia. Malena quiere ser veterinaria. Facundo ginecólogo. Male tiene novio. Facu no encuentra cómo. Male tuvo su primera vez a los catorce, con otro novio. Facu se masturba desde los diez. Male le dice a Facu pajero. Facu le dice a Male gorda fofa. Male y Facu le dicen a Díaz pelotudo.

Malena te dije que hoy no salís. ¿Mamá te dio permiso? Entonces no salís. ¿Con quién? No querida, todavía sos chica. A mí no me grites. Ojo con lo que decís, malcriada. Andá a tu cuarto. Malena. Malena. Me cago en la gran puta, pendeja de mierda vení para acá, ni se te ocurra salir porque donde te encuentro te hago pasar el papelón de tu vida. Oíme lo que te digo. Miráme cuando te hablo. Malena. Malena. Cuando le diga a tu madre vamos a ver. Y a vos qué carajo te causa tanta gracia. A ver, decíme, eh, eh. Una semana sin play. Y andá diciéndole a Martín que ni venga a buscarte. Van a aprender conmigo. Ya van a ver. Qué se creen estos borregos, a ver si a mi viejo le hablaba así yo. Todo culpa de la madre, le hacen lo que quieren, hay que tenerlos así, cortitos, sino… sino...hay Dios…Lo tratan mejor al tío que a mí, claro, el les da unos pesos y se los tiene comprados, pero gracias a mí viven eh. Pendejos de mierda, no valoran nada, todo el esfuerzo que uno hace.

Gonzalo es cinco años dos meses siete días menor que Díaz. Cirujano, bien parecido, los martes juega paddle, los domingos fútbol, sale los vienes y sábados, cada quince días se va de putas a Black. Tiene auto importado, lujoso loft en Núñez, mucama, un gato siamés, tatuaje en la cintura y varias cuentas por el mundo. Una casa en el tigre, donde ostenta su fortuna en opulentas fiestas de la alta sociedad, los “nuevos ricos”, nenes y nenas que se encontraron con la riqueza a temprana edad, salen los martes por los bares yuppies de retiro, toman merca de la buena y bailan al ritmo de las anfetaminas y el éxtasis. Hace dos años, con adolescente frenesí, hacen el amor con Rosario en el mismo sillón donde se sienta Díaz, cada vez que pasa a visitarlo, para ver con los ojos de un niño lo que jamás podrá tener. El resto lo hacen en el sommiere, a veces en el jacuzzi, en verano en la pileta, en la hamaca, en el balcón, en la terraza. Tienen catorce videos amateur. Los videos los suben a You Tube. Díaz no sabe usar la PC. En la intimidad lo llaman “el pelotudo”. Ella se pega un baño. Él sirve más champagne. Ellos van por el tercero. Esperan un hijo.

Qué decís Gonza, te enteraste lo de Mirta, hay que pasar a verla, está viejita, cuánto más va a vivir, ya sé que estás con mucho trabajo, pero un ratito, cinco minutos, sabés que se pone contenta. Bueno le mando saludos. ¿El televisor es nuevo? Ah, venía con el home-theater, che que bueno, a ver cuando vemos una peli, como cuando éramos chicos, que linda época, otros tiempos, otra cosa, había códigos, hoy está todo para la mierda, no hay valores, no se puede confiar en nadie. Ay Argentina mía, a dónde estamos yendo. Tus cosas, bien, me supongo. Nuevo tutú eh, ¿qué tul?, está bueno. Rojo! No ya comí algo en casa. ¿Viste el partido? Que culo, estuvimos cerca eh. No, no fui, tenía ganas, pero estoy con unas deuditas que mejor las pago primero. Un poco a mi suegro, otro poco al Quique, al almacén, sí, sacan todo a cuenta, después va papi y paga, tengo la máquina de hacer billetes yo, viste, que lindo sería eh, eh, jaja. Bueno me voy antes que me cierre el almacén que tengo una hora de bondi.

A la vuelta de su casa, pasando el puesto de diarios y al perro que le ladra un día si y un día no, está la despensa de Manuel. El nueve por ciento de sus ingresos mensuales proviene del bolsillo de Díaz. Adeuda, desde hace un mes y medio trescientos veintiún pesos con sesenta centavos. Manuel lo cagaría a trompadas si por él fuese. Ese pelotudo. Pobre, dejálo, Manolo, ya tiene bastante el pobre con su mujer y sus hijos. Algún día ese tipo sale en los diarios. Acordáte, acordáte lo que te digo. Es un Barreda en potencia. Falta que le digan conchita. Je je. Un pobre tipo. La vida es mitad voluntad y predisposición y huevo y perseverancia y acomodarse y buscar y seguir y mitad suerte. Díaz llegó tarde a la repartija de “suertes”. Se quedó sin una. Le completaron el combo con sal.

¿Qué va a llevar, Díaz? No, no tengo viejo. Sí, primavera nomás. Che a ver cuando me pagás el resto. Con lo que me diste todavía quedan cien, sumá lo de hoy y me debes…te espero hasta fin de mes, después se acaba el fiado. Y viejo, yo no vivo de pagarés, yo también como salchichón, tomo mi cervecita, quiero autito y vacaciones a fin de año. Bueno, yo sí me voy, a Córdoba. ¿Qué es culpa mía? Decíle a tu presidente, yo no lo voté eh. Que país. Que país. Son veintidós. Si, si, yo anoto, yo anoto. Ya tengo cuatro tomos de tus fiados. Si, si. Y bueno. Y, si, que le vamos a hacer Díaz. Bueno a fin de mes acordáte de mí. Si no…Cerráme la puertita, ahí está, chau, chau.

Díaz nació un viernes. Era diciembre, pero hacía 6 grados. Afuera del hospital Eva Perón llovía sin parar desde hacía dos días. Rosa miraba a Díaz y no le gustaba. Morado, peludo, llorón. Tenélo un rato papi, que yo estoy cansada ya. Sonreía con vergüenza cuándo le decían ¡que lindo bebé!, se parece a mamá, tiene la naricita de papá, porque sabía que el nene era feito. Sin embargo, se acostumbró a la belleza exótica de Díaz, pero guardó un rencor que fue descargando con cuenta gotas sobre el niño, que era tontito, medio nabo, que se convirtió en adolescente, bastante pajero, imbancable, luego en un joven, vago, que no quiere estudiar, y llegó a hombre, un fracaso, mediocre, un completo “pelotudo”. En cambio, Gonzalito desparramaba facha, carisma. Desde chico trajo a sus noviecitas a casa, sus amigos lo admiraban, las viejas del barrio lo adoraban, mamá y papá estamos muy orgullosos de vos, que te hayas recibido con honores. Ya sos un hombre, hecho y derecho. Sos un orgullo de hijo, un verdadero orgullo, enaltecés el buen nombre de ésta familia. Gracias hijo. Sabés que siempre tendrás nuestro apoyo, quizás no económico, pero moral. Desde el sentimiento. Desde el corazón. Estamos con vos, Gonzalito, que ya es un hombre, pero que para sus padres será siempre Gonzalito. En cambio Díaz es, fue y será, la oveja negra, ese atorrante de mierda, un tipo sin ambiciones, que a los dieciséis en vez de trabajar o estudiar, tocaba la guitarra en la boca del subte línea A, que a los dieciocho se metió con un grupo de teatro independiente, en vez de pensar seriamente qué hacer de su vida, que a los veintiuno puso un centro cultural con amigos, que le fue mal, perdió plata, en vez de encontrar un laburo para poder irse de su casa, formar su familia. La pobre Rosario, no sé cómo lo aguanta, una chica tan buena, inteligente, andar con éste que es un bueno para nada. Te digo más, viejo, si lo engaña, yo la entiendo, qué querés que te diga, con ese pelotudo no va a llegar a nada, es un vago, trabaja diez horas para nada, cuánto hace que ni una semana a San Clemente se van, pobre chica, que mala suerte cruzarse con ese inútil. Atendé viejo que debe ser él, yo no estoy, eh, que me hago mala sangre.

Hola viejito, ¿cómo andas? No, Rosario salió a lo de una amiga, tiene el nene enfermo, y viste como es ella. Claro que sigue viviendo acá, no, no, cómo nos vamos a separar. Estamos bárbaro, mejor que nunca, con los chicos que son la luz de ésta casa, pensando dónde vamos a ir de vacaciones este año. No, no cambié de trabajo, está jodido, pero ahorramos un poquito más y vamos a poder disfrutar de unas lindas vacaciones en familia. Bueno papá, hoy estás negativo, a ver para cuándo unas flores para mí, una voz de aliento. Che, y la vieja, por dónde anda. Ah, salió, y a dónde, si ella a las tres se mete adentro y ya no sale más. Ah, bueno, que pena, porque la quería saludar, nunca la encuentro. No será que no quiere hablar con migo ¿no? Bueno, me quedo más tranquilo. Si, estuve de Gonzalo y me mostró el auto. Nosotros pensábamos en comprar algo, pero más económico, que nos lleva y nos traiga, total, para qué más lo querés. Bueno, bueno, seguí con tus cosas, te dejo un beso viejo, saludos a madre, los amo.

Pobre tipo, pobrecito, es tan pelotudo que ya me da lástima. Un autito se quiere comprar, de vacaciones se quiere ir, ni una cámara de fotos tiene, y piensa en vacaciones. Ay diosito, qué hicimos mal, qué hicimos para merecer esto. Nunca, jamás, una alegría, un motivo para sentir orgullo, ni un trofeo de manualidades trajo, nada, solo disgustos. Así estamos por éstos vagos. Si todos fuesen como Gonzalito, otra sería la Argentina.

La Argentina, a Díaz, le dio la espalda en casi todo. Incluso todo lo que añoró en un momento y lo obtuvo, fue fruto del cinismo de la vida que se empecinó con este pobre tipo desde el día que nació. Pareciera ser que nada en este mundo fue hecho para él, sino más bien, todo lo contrario. Un tipo que no se adapta al sistema puede ser dos cosas, un revolucionario romántico o un parásito social. De todas formas la gente juzgará qué título le cabe, una vez muerto el tipo. Por ahora Díaz sigue siendo Díaz, “el pelotudo”.

1 comentario:

Eduardo dijo...

La verdad viejo, leí todo este relato bastante largo pero... que asco por dios, no lo digo por el relato, sino por el retrato perfecto del "tipico argentino" o por lo menos así lo veo yo. Me sentí identificado en unas cosas, y en otras identifico a conocidos.

Un saludo! genio!